Mientras lo espero tejiendo mis palabras, se me apareció un fantasma. Cerré los ojos para ver si así se iba, y sí se fue, pero me dejó el desasosiego en el alma, él no lo sabe, y no creo que le importe, es como el fantasma del rey Hamlet que le pide que tome venganza. Este fantasma no me pide venganza, pero me pide que sea yo, cuando todavía no lo descubro, me urge a que no abandone mi esencia, cuando yo francamente no sé si en mi frasco de perfume aún quede algo. Me aterra y me encanta; lo amo y lo temo. Lo deseo y lo repelo.
Aunque cerrar los ojos es un remedio efectivo para que se vaya, creo que ya lo tengo cosido dentro de los párpados, todos los días lo digito en lo más recóndito de mis pensamientos, presente en cada momento, es la llave de mis secretos inconfesados.
Lo peor del caso es que cuando aparece, generalmente espero una presencia, un ente corpóreo y terrenal en contraposición al fantasma inasible y fugaz, pero eterno. Cuando se presenta en mi vida, como un cometa Halley, una docena de mis células se esfuman, se licuan, volatilizan, no entiendo por qué, es como si una parte de mí, igualmente se torna espectral e inaprensible.
Me deja pensando si vale la pena esperar, si no debería arrancar de cuajo estas raíces y convertirme en veleta, es algo a lo que todavía no puedo dar respuesta.
Pero cuando puedas vuelve, porque acecha tu fantasma... Aquellas apariciones nos mueven el piso y nos dejan cuestionando una y otra vez cosas del pasado e imaginando cosas del futuro... El tiempo, difícil sujeto. Lindo espacio!
ResponderEliminarUn abrazo!
Uuu, gracias por tu comentario, yo diseñé este espacio pensando en un desierto en el que pudiera gritar sólo para oír mi voz, pero a veces hasta en un desierto puede haber un par de oídos en los que queden resonando algunas palabras, gracias por tus oídos.
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