martes, 7 de septiembre de 2010

¿Dónde puedo meterme para escaparme de mí misma...?

Hoy es martes; desde el viernes los días se han vuelto altamente lacrimosos; a la menor provocación llanto y más llanto, por todo, extrañar a mis amigos, extrañar el chile, desear ver el paisaje con dos pares de ojos y no con un sólo par.

El domingo llegué por accidente a la playa de Viña del Mar; desde que llegué no había ido a ver el mar y fue lindo, me senté un rato en el muelle, me quité los calcetines y anduve sobre la arena. De repente se me ocurrió pensar que si caminaba por aquel litoral hacia el norte, algún día estaría en México, ¿lindo, no?, y totalmente poco práctico.

Las lágrimas no me dejan leer y hoy es uno de esos días en los que sólo quiero un refugio para escabullirme de mí misma, de esta melancolía que ahora me inunda, del pensamiento de que quizá en este momento debería estar haciendo otras cosas, afanada con otras tareas, etc.

La tarde remató con un deseo intenso de volver a ir al mar, lo más cercano que me quedaba ahora no era precisamente la playa, sino el puerto, no estuve tranquila hasta no ir allá y ver otra vez el mar un buen rato, como si mis ojos tuvieran una irremediable sed de agua de mar. Tengo una teoría: mis ojos perdieron tanta agua salada los días pasados, que ahora deseaban recuperarle. Quizá ahora que estén hidratados, lo que toque sea sonreír.

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