Estoy embarcadísima estudiando la maestría acá en Valparaíso, vivo a la mitad de un cerro, cerca de las vías del tren y tengo aproximadamente seis meses de embarazo; mis papás no saben aún que van a ser abuelos y me siento muy muy mortificada, se acerca el momento en el que no lo podré ocultar más. Encima de eso, cada vez me cuesta más trabajo moverme y no sé qué sea mejor hacer, si decirle a mis papás y parir al bebé en México o pedirle de rodillas a mi mamá que venga a Chile y me ayude en el periodo del posparto. Se acerca el tiempo límite que tengo para tomar esa decisión y no sé qué sea lo mejor; siento que mi respiración se está acelerando.
Me pongo a pensar en la maestría, no sé qué sea lo mejor... cómo continuar estudiando con semejante panza, con un bebé en mi vida. Aunque me aterra la perspectiva futura me siento muy viva, con mucha energía, me siento hasta liviana, saludable y fresca.
Lo que me preocupa es cómo lo voy a cuidar, cómo voy a terminar la tesis, qué le diré a mi familia, qué me va a decir el director de la maestría.
Nunca pienso en el papá del niño, ¿de quién sería el bebé?. Despierto respirando muy rápido.
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