viernes, 21 de diciembre de 2012

Cujonette...

Un cuento para recordar desear "completo" Este día se despertó en mi el anhelo de desarrollar otra faceta, que siempre he estado más en contacto conmigo misma a través de lo que escribo y creo que este es un buen momento para ponerme en contacto conmigo y con los demás a través de la oralidad. Hay veces en las que se asume que alguien que es 'buena gente', como por añadidura es un 'pendejo'. Alguien que no tiene claras las ideas, que necesita ser dirigido por la opinión de otros. Este es un cuento que reivindica al 'buena gente' y lo pone como alguien que tiene su propia sabiduría, una sabiduría que parte del amor y que se derrama hacia los demás. Además este es un cuento que es la contraparte de quienes advertimos que 'hay que tener cuidado con lo que se desea porque se puede volver realidad'. Lo que pasa con los deseos es que hay que tener claro qué se está pidiendo y de qué manera ese deseo puede ser lo más completo posible, para que no nos atropelle. Este es un hombre, que a decir de los demás, era un cujonette, es decir, alguien que es muy buena gente, pero no es un tonto, sino alguien con lindo corazón. Una vez, este hombre que era pescador, se encontró una lámpara mágica... y cómo en todos los cuentos, nuestro hombre la frotó. Salió el genio y le dijo que le iba a conceder un deseo. El hombre cujonette le pidió tiempo para meditar su único deseo. Cuando llegó a su casa, contó a su madre y a su esposa lo que le había sucedido. Su esposa le aconsejó que pidiera al genio que le concediera hijos, porque eran una pareja sin hijos. La madre le recomendó que pidiera que ella volviera a ver, porque había perdido la vista hacía poco tiempo y sus ingresos como costurera eran necesarios para la casa. El hombre les pidió a ambas que no lo mortificaran y que confiaran en lo que iba a pedir. Al día siguiente se encontró de nuevo con el genio y le pidió lo siguiente: "Quiero que mi madre vea crecer a mis hijos".

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