domingo, 20 de diciembre de 2009

Autorretrato 2...

Éste no es un engaño colorido, sino un engaño plurisilábico, en el que se conjugue la fantasía, la realidad y el anhelo. Quien sustenta este blog es una mujer transparente, que aunque desee disimular sus sentimientos, aún en esos momentos los transmite y hasta los transpira.

Alguien que se conduce con cortesía y dulzura ante las personas que la rodean de forma corpórea o incorpórea, que busca proteger y procurar la felicidad de todos y la de sí misma, que también está en esta acción. Creativa en la entrega, complaciente hasta la médula.

Esta mujer es un árbol, estable, firme, con profundas raíces que abrevan en lo inefable, como árbol tiene grueso el tronco y aunque está revestida con corteza de un grosor considerable, aún se puede considerar sensible y conectada consigo misma; con pereza considerable, prefiere quedarse, observar, contemplar, ahondar en las raíces, que dar paso (porque los árboles también se desplazan), en muchos momentos por miedo, en otros por el deleite de observar, de aprender de los pájaros que se posan en sus ramas y aunque gran parte del tiempo está atenta en sus ojos de hojas, no ha sido infrecuente que deje caer algún nido por accidente, porque también se ha distraído.

Es un árbol que ama, que ama la palabra, que comprende, que ofrece amor y sombra, con ramas siempre abiertas y preparadas para servir de refugio incondicional para quienes deseen colocarse a sus pies, desde las golondrinas que solamente por un momento se detienen para descansar en su vuelo hacia tierras lejanas o la pareja de enamorados que se besan bajo la fronda, o los niños que cuelgan sus columpios en las ramas y después a la copa para ver ardillitas correr, comer la fruta o sentirse un bucanero de los siete mares.

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